"Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales."
Antonio Machado.
Curso 1972/73. Clase de 4.A con Mari Ángeles. Estaba sentada en la esquina izquierda interior de mi grupo, de seis mesas. Éramos cuarenta estudiantes. Creo que el mes era noviembre y el año 1.972. En el libro, estos poemas de Machado. Mari Ángeles los leía con una voz pausada, tranquila y nosotras escuchábamos, ora en silencio, ora urdiendo alguna travesura por allá, al fondo de nuestras pequeñas masas cerebrales.
En el patio interior llovía. Una tormenta de esas que cae, a rabiar, inundando Cartagena hasta sus entrañas. En aquel pequeño rincón me sentía segura. Era un instante preciso donde pude sentir al poeta recordando sus tiempos escolares. No me imaginaba, entre aquellas luminarias de niña despertando a la realidad, que un día mis letras podrían plasmar el recuerdo de nuestra niñez en un papel virtual. El aula de paredes amarillas llenas de dibujos, esquemas, pósters y los armarios al fondo. Las grandes cristaleras enfrente y la lluvia sirviendo de cortina protectora ante la visión de las otras alumnas que hacían señas desde las clases situadas en el pabellón opuesto.
El colegio: La Purísima Concepción o San Miguel, como era conocido hasta que se cerró en el año 2000. Por mucho que nuestras profesoras se empeñaran en que denomináramos al conjunto escolar por su nombre, ganaba la sabiduría popular y daba más orgullo decir que íbamos a "San Miguel" que a la "Purísima Concepción". Nuestros uniformes recién cambiados...
Pero hablaré de ello en otro momento. Mejor, ahora, dirigirnos al principio.
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